Acompáñese con vino.

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by Jonathan Wolstenholme
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martes, 24 de septiembre de 2013

EL AMOR. Eduardo Galeano


En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad. Era raro lo que tenían entre las piernas.
      ¿Te han cortado? preguntó el hombre.
      No dijo ella —. Siempre ha sido así.
      El la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta. Dijo:
      —No comas yuca ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar. Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa.
      Ella obedeció. Con paciencia tragó los mejunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos. Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:
      No te preocupes.
      El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca. La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
      Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
      ¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
      Acababa de ver al mono curando una mona en la copa de un árbol.
      Es así dijo el hombre, aproximándose a la mujer.
      Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas, invadió el aire. De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos, y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.

RELATOS VERTIGINOSOS. Antología de cuentos mínimos. Selección y prólogo de Lauro Zabala. México: Alfaguara, 2001., p. 34

martes, 10 de septiembre de 2013

TRES POEMAS. Michel Houeillebecq



I

SO LONG

Siempre hay una ciudad, huellas de poetas
Que se cruzaron con su hado entre sus muros
El agua corre un poco por todas partes, la memoria murmura
Nombres de ciudades, nombres de personas, agujeros en la cabeza.

Y es siempre la misma historia que comienza de nuevo,
Horizontes destrozados y salones de masaje
Soledad asumida, respeto por el vecindario,
No obstante hay personas que existen y que danzan.

Son personas de otra especie, de otra raza,
Danzamos absolutamente vivos una danza cruel
Tenemos pocos amigos pero poseemos el cielo,
Y la infinita solicitud de los espacios;

El tiempo, el anciano tiempo que prepara su venganza,
El incierto murmullo de la vida que fluye
Los silbidos del viento, las gotas de agua que ruedan
Y la alcoba amarillecida en donde nuestra muerte se adelanta.

II

UNA VIDA DE NADA

Yo ya me sentí viejo al poco de nacer;
Los demás luchaban, deseaban, suspiraban;
En mí no sentía más que una añoranza imprecisa.
Nunca tuve nada parecido a una infancia.

En la profundidad de ciertos bosques, sobre una alfombra de musgo,
Repugnantes troncos de árbol sobreviven a su follaje;
En torno a ellos se forma una atmósfera de luto;
En su piel ennegrecida y sucia medran los hongos.

Yo no serví jamás a nada ni a nadie;
Lástima. Vives mal cuando es para ti mismo.
El menor movimiento constituye un problema,
Te sientes desgraciado y, sin embargo, importante.

Te mueves vagamente, como un bicho minúsculo.
Ya apenas eres nada, pero, ¡qué mal lo pasas!
Llevas contigo una especie de abismo
Mezquino y portátil, levemente ridículo.

Dejas de ver la muerte como algo funesto;
De vez en cuando ríes; sobre todo al principio;
Intentas vanamente adoptar el desprecio.
Luego, lo aceptas todo, y la muerte hace el resto.

III

EL AMOR, EL AMOR

En un cine porno, unos jubilados cascados
Contemplaban, escépticos,
Los retozos mal filmados de dos lascivas parejas;
No había argumento.

He ahí, pensaba yo, el rostro del amor,
El auténtico rostro.
Algunos son seductores, y seducirán siempre,
Y el resto sobrevive.

No existe ni el destino ni la fidelidad,
Sólo cuerpos que se atraen,
Sin sentir ningún apego ni, desde luego, piedad,
Uno juega, y después destroza.

Algunos son seductores y por lo tanto muy amados;
Sabrán lo que es un orgasmo.
Pero hay tantos otros cansados y sin nada que ocultar,
Ni siquiera un fantasma;

Si acaso, una soledad agravada por la impúdica
Alegría de las mujeres;
Si acaso, una certeza: “Eso no es para mí”,
Un oscuro y pequeño drama.

Con certeza morirán un poco desengañados,
Sin ilusiones poéticas;
Practicarán a conciencia el arte de despreciarse,
Será algo mecánico.

Me dirijo a todo aquel que nunca haya sido amado,
Que nunca supo gustar;
Me dirijo a los ausentes del sexo liberado,
Y del placer corriente.

No temáis, amigos, vuestra pérdida es mínima;
El amor no existe en ninguna parte.
Sólo es una broma cruel de la que vosotros sois víctimas,
Una jugada de  experto.

      Michel Houellebecq. Poesía. Edición bilingüe.
         Traducción de Altair Díez y Abel H. Pozuelo.
         Barcelona, Anagrama, 2012).