Acompáñese con vino.

Acompáñese con vino.
by Jonathan Wolstenholme
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domingo, 2 de septiembre de 2018

EL PRISIONERO. Octavio Paz

Man Ray - Imaginary portrait of D.A.F. de Sade

(HOMENAJE a D. A. F. de SADE)

A fin que… les traces de ma tombe disparaissent de dessus la Surface de la terre comme je me flatte que ma mémoire s’effacera de l’esprit des hommes…
TESTAMENTO DE SADE

No te has desvanecido,
Las letras de tu nombre son todavía una cicatriz que no se cierra,
un tatuaje de infamia sobre ciertas frentes.
Cometa de pesada y rutilante cola dialéctica
atraviesas el siglo diecinueve con una granada de verdad en la mano
y estallas al llegar a nuestra época.

Máscara que sonríe bajo un antifaz rosa,
hecho de párpados de ajusticiado,
verdad partida en mil pedazos de fuego,
¿qué quieren decir todos esos fragmentos gigantescos,
esa manada de icebergs que zarpan de tu pluma y en alta mar enfilan hacia costas sin nombre,
esos delicados instrumentos de cirugía para extirpar el chancro de Dios,
esos aullidos que interrumpen tus majestuosos razonamientos de elefante,
esas repeticiones atroces de relojería descompuesta,
toda esa oxidada herramienta de tortura?

El erudito y el poeta,
el sabio, el literato, el enamorado,
el maníaco y el que sueña en la abolición de nuestra siniestra realidad,
disputan como perros sobre los restos de tu obra.
Tú, que estabas contra todos,
eres ahora un nombre, un jefe, una bandera.

Inclinado sobre la vida como Saturno sobre sus hijos,
recorres con fija mirada amorosa
los surcos calcinados que dejan el semen, la sangre y la lava.
Los cuerpos, frente a frente como astros feroces,
están hechos de la misma substancia de los soles.
Lo que llamamos amor o muerte, libertad o destino,
¿no se llama catástrofe, no se llama hecatombe?
¿Dónde están las fronteras entre espasmo y terremoto,
entre erupción y cohabitación?

Prisionero en tu castillo de cristal de roca
cruzas galerías, cámaras, mazmorras,
vastos patios donde la vid se enrosca a columnas solares,
graciosos cementerios donde danzan los chopos inmóviles.
Muros, objetos, cuerpos te repiten.
¡Todo es espejo!
Tu imagen te persigue.

El hombre está habitado por silencio y vacío.
¿Cómo saciar esta hambre,
cómo acallar y poblar su vacío?
¿Cómo escapar a mi imagen?
Sólo en mi semejante me trasciendo,
sólo su sangre da fe de otra existencia.
Justina sólo vive por Julieta,
las víctimas engendran los verdugos.
El cuerpo que hoy sacrificamos
¿no es el Dios que mañana sacrifica?
La imaginación es la espuela del deseo,
su reino es inagotable e infinito como el fastidio,
su reverso y gemelo.
Muerte o placer, inundación o vómito,
otoño parecido al caer de los días,
volcán o sexo,
soplo, verano que incendia las cosechas,
astros o colmillos,
petrificada cabellera del espanto,
espuma roja del deseo, matanza en alta mar,
rocas azules del delirio,
formas, imágenes, burbujas, hambre de ser,
eternidades momentáneas,
desmesuras: tu medida de hombre.
Atrévete:
La libertad es la elección de la necesidad.
Sé el arco y la flecha, la cuerda y el ay.
El sueño es explosivo. Estalla. Vuelve a ser sol.

En tu castillo de diamante tu imagen se destroza y se rehace, infatigable.

Aviñón, 1948

sábado, 11 de abril de 2015

A MÍA NO LE GUSTAN LOS TÍTULOS. Willni Dávalos


A Mía le da asco su cuerpo.
A Mía le interesan los árboles.
Sus escuetos y largos troncos
delgados,        delgados
como la muerte encapuchada 
de los dibujos animados.
Amiga televisión, tardes secas en el armario.

A Mía le han dicho: “todo lo que tocas se pudre”
y “por más que te masturbes
no te enamorarás del espejo”;
Y es tan triste verla morder la almohada
deseando despertar detrás de la cortina
en el mundo libre
en el mundo sarpullido de bosques,
de erotómanos y erotómanas.
Sin embargo, el viento flamea fuerte la cortina,
tan fuerte. Se la lleva lejos.
¿Cómo llegar ahí si ya no hay cortina?

Mía entiende, pero le importa un bledo.
Mía sabe que todo lo que toca se hace oro
o se pudre
pero nada queda igual.
                                                        (ella dice)

“Bulliciosas locuras siembran esas raras pastillas 
que el doctor recetó a Mamá;
De esos doctores que se ganan algún sencillo vendiendo recetas a los drogos
¡y que quede claro que mamá no es ninguna droga! 
Y que quede claro que yo pertenezco a otro cielo;
a otra física y a otra química.
Nunca es tarde para emigrar al rincón más oscuro del Multiverso”.

— Willni Dávalos, Ceros y cruces (Perú: Pardiez Editores, 2008), 37-38 pp.

sábado, 4 de abril de 2015

MONITOR. Willni Dávalos


Qué hay en la ventana trasera de un auto
que no refleje el tráfico interno

¿ves los instrumentos humanos?
máquinas trasportadoras de hombres

cada rostro es una explosión ideológica

sólo tienes que apretar el botón
nada más que mover un dedo
y contar.


— Willni Dávalos, Ceros y cruces (Perú: Pardiez Editores, 2008), 88-89 pp.

sábado, 28 de marzo de 2015

EL OTRO YO. Ray Bradbury


No escribo yo...
el otro que hay en mí
pide aflorar constantemente.
Mas si me apresuro a volverme y mirarlo
él vuelve a escabullirse al momento
y al lugar en donde estaba antes
pues sin saberlo entorné la puerta
y lo dejé salir.
A veces un grito encendido lo llama;
comprende que lo necesito,
y yo tambien. Su tarea
será decirme quién soy bajo la máscara.
Él es Fantasma, yo fachada
que oculta la ópera que él escribe con Dios,
en tanto yo, ciego del todo,
espero impávido a que su mente
se me deslice brazo abajo, por
la muñeca, hasta la mano
y las puntas de los dedos
y furtiva encuentre
esas verdades que caen de las lenguas
con sonido quemante,
todo surgido de una sangre secreta
y alma secreta de secreto suelo.
Con alegría
él se asoma a escribir, y luego corre
a esconderse una semana
hasta que reanuda el juego
en el cual yo finjo, diligente,
que no es mi propósito tentarlo.
Pero lo tiento,
mientras simulo mirar hacia otro lado,
para que no se esconda todo el día.
Echo a correr e inicio un juego simple
un salto distraído.
¿Cuál convoca del sueño
la bestia que brilla y acecha?
¿De quién las reservas y el coto de caza?
De mi aliento, mi sangre,
mis nervios.
Pero ¿qué lugar de esa materia
habita él?
¿Dónde está su madriguera?
¿Tras esta oreja de goma?
¿Tras esa oreja de grasa?
¿Dónde cuelga el sombrero
el joven descarriado?
No hay caso. Ermitaño nació
y vive recluido.
Nada que hacer sino
seguir sus triquiñuelas
dejar que corra y cosechar la fama.
En la cual yo pongo el nombre
a una materia que le he birlado,
y todo porque le atraje
con dulces aromas creativos.
¿Escribió R.B. ese poema,
ese diálogo, esa línea?
No: el simio interior, invisible,
fue quien lo instruyó.
Vestido con mi carne,
su alcance es misterioso.
No digan mi nombre.
Elogien a ese otro. 

— Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir, trad. Marcelo Cohen (Barcelona: Ediciones Minotauro, 1995) 133-134 pp. 

sábado, 14 de marzo de 2015

PORCA PORNO POP. Willni Dávalos


Cuida tu boca
más salvaje que un puñal,
más peligrosa que una mano sin cerebro.
Tu boca vagina de ángel,
ano de Dios.

Introduzco mis dedos
y palpo babosa pulpa vibrante.
Meto mi lengua
y sacudo tu esófago de cavidad a cavidad.
Encajo mi sexo,
se asesinan lenguajes enteros.
Sintaxis de la piel
estercolero verbo: cachar,
honor y yugo nuestro: amar.
Ahora estoy en ti,
soy un sexonauta en mi grandioso espacio negro.
Y sí, eres mía. Te hago mía y no me importan
los cacareos guaneros de las feministas.
Esto se trata de posesión.
Estamos poseídos por demonios de acalorados cachetes rojos.
¡Miento!
¡Lo somos!
Ahora animales, ahora presos del desprecio a la libertad
Tan rápido que el placer hiere.
Y deseo verte llorar, y lloras y gritas
(¿te burlas de mí?)
y más fuerte, tapemos los oídos de este planeta,
comienzo a darte golpes en la espalda,
siento que la luna agarra al mar por el cogote,
lo estrangula y le mete la lengua en el ojo.
Viene la marea, todo se eleva. Tu risa líquida
mancha el techo dejando diminutos puntos salados.
Por un momento el infierno se congela,
el Papa excrementa en la boca de una niña negra
el Sol desata los mundos, la gravedad se reinicia
todos los hombres se elevan
gritando “¡MILAGRO!”

Pero yo grito:

¡TE AMO!

— Willni Dávalos, Ceros y cruces (Perú: Pardiez Editores, 2008), 91-93 pp.

sábado, 7 de marzo de 2015

HACER ES SER. Ray Bradbury


Hacer es ser.
Haber hecho no basta.
Abarrotarse de hacer: ése es el juego.
Nombrarse a cada hora por lo actuado,
medir el tiempo en la hora del crepúsculo
y descubrirse en actos
imposibles de conocer antes que ocurra
lo que has sonsacado a ese yo oculto
que por su parte exige cortejeos,
de modo que hacer es lo que alumbra;
mata lá duda por el simple salto,
el arrebato, la carrera
en pos
del yo re-descubierto.
No hacer es morir,
o haraganear entre las cosas
que acaso se hagan algún día.
¡Fuera con eso!
El mañana estará vacío
si nadie lo azuza hacia la vida
con una movediza mirada.
Que el cuerpo guíe a la mente
y la sangre sea lazarillo.
Y tú entrénate y ensaya
para encontrar el universo
del centro de tu alma
sabiendo que ver y estar en movimiento
-¡Hacer es ser!—
da siempre resultado.

— Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir, trad. Marcelo Cohen (Barcelona: Ediciones Minotauro, 1995) 141 p.

sábado, 28 de febrero de 2015

EL VAMPIRO. Efrén Rebolledo


Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos
por tus cándidas formas como un río,
y esparzo en su raudal, crespo y sombrío,
las rosas encendidas de mis besos.

En tanto que descojo los espesos
anillos, siento el roce leve y frío
de tu mano, y un largo calosfrío
me recorre y penetra hasta los huesos.

Tus pupilas caóticas y hurañas
destellan cuando escuchan el suspiro
que sale desgarrando las entrañas,

y mientras yo agonizo, tú sedienta,
finges un negro y pertinaz vampiro
que de mi sangre ardiente se sustenta.

— Efrén Rebolledo (1877-1929)

sábado, 21 de febrero de 2015

ALGÚN DÍA ENCONTRARÉ UNA PALABRA... Roberto Juarroz


Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.

Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.

— Roberto Juarroz
(vía: amediavoz.com)

sábado, 14 de febrero de 2015

COMO UNA FLOR BAJO LA LLUVIA. Charles Bukowski


Me corté la uña del dedo
del medio
de la mano derecha
bien corta
y empecé a sobarle el coño
mientras ella estaba sentada en la cama
poniéndose crema en los brazos
la cara
y los pechos
después de bañarse.
Entonces encendió un cigarrillo:
«tu sigue»,
y fumó, y continuó poniéndose
crema.
yo continué sobándole el coño.
<<quieres una manzana?>>, le pregunté.
«bueno», dijo,«¿tú vas a comer una?»
pero fue a ella a quien comí...
empezó a girar
después se puso de lado,
se estaba humedeciendo y abriendo
como una flor bajo la lluvia.
Después se puso boca abajo
y su hermosísimo culo
se alzó ante mí
y metí la mano por debajo
hasta el coño otra vez.
Estiró un brazo y me cogió
la polla, giró y se volvió,
me monté encima
hundía la cara en la mata
de pelo rojo
derramada alrededor de su cabeza
y mi polla tiesa entró
en el milagro.
Más tarde bromeamos sobre la crema
y el cigarrillo y la manzana.
Después salí a la calle y compré pollo
y gambas y patatas fritas y bollitos
y puré y salsa y
ensalada de col, y comimos, ella me dijo
lo bien que lo había pasado y yo le dije
lo bien que lo había pasado y nos comimos
el pollo y las gambas
y las patatas fritas y los bollitos y el
puré y la salsa y
hasta la ensalada de col.

— Charles Bukowski, ‘Como una flor bajo la lluvia’ en Antología, pról y trad. Umberto Cobo (Colombia: Arquitrave, 2004), 67-68.

sábado, 7 de febrero de 2015

TROYA. Ray Bradbury


Mi Troya, claro, estaba allí,
aunque los demás decían: No.
Homero el ciego ha muerto. Sus mitos
no tienen donde ir. No caves. Deja ya.
Pero entonces urdí un modo
de reparar mi alma de barro
o morir.
Yo conocía mi Troya.
La gente me advertía: es puro cuento,
nada más.
Yo soportaba la advertencia, sonriendo,
mientras mi pala no dejaba de hurgar
en los claroscuros del jardín de Hornero.
¡Dioses! ¡Qué importa!, gritaban los amigos:
¡Si el tonto Homero era ciego!
¿Cómo va a enseñarte
ruinas que no fueron nunca?
Es cierto, decía yo. Él habla. Yo oigo. Es cierto.
Desdeñado el consejo,
cavaba cuando me daban la espalda,
pues desde los ocho años lo sabía:
Mi destino era fatídico, decían.
¡El mundo se iba a acabar!
Aquel día tuve pánico, creí
que ni ellos ni tú ni yo
veríamos el siguiente amanecer
—pero ese amanecer llegó.
Avergonzado lo vi, me recordé vacilar
y me pregunté qué pretendían
los mentores de la Fatalidad.
Desde entonces guardo una dicha íntima
y no los dejo ver
mi Troya que está enterrada;
pues si la vieran, qué burlas,
qué escarnio, qué bromas;
para todos esos tipos
mi Ciudad quedó sellada;
y a medida que fui creciendo,
he cavado cada día. ¿Qué encontré
para dar como regalo al viejo Homero,
el ciego?
No una Troya, ¡sino diez!
¿Diez Troyas? ¡Dos veces diez! ¡Tres docenas!
¡Prima cada una más rica,
esplendorosa, excelente!
Todas de mi carne y sangre
y cada una verdadera.
¿Qué significa esto, pues?
¡Desentierra la Troya que hay en ti!

— Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir, trad. Marcelo Cohen (Barcelona: Ediciones Minotauro, 1995) 135-136 pp.


sábado, 24 de enero de 2015

TENEMOS EL ARTE PARA QUE LA VERDAD NO NOS MATE. Ray Bradbury


¿Sólo conoces lo Real? Cae muerto.
Eso dijo Nietzsche.
Tenemos el arte para que la verdad no nos mate.
Para nosotros el mundo es demasiado.
Después de cuarenta días el Diluvio sigue.
Las ovejas que pastan allá lejos son chacales.
Ese tictac en tu cabeza es de verdad el Tiempo
y vendrá por la noche a sepultarte.
El tibio niño que ahora duerme partirá en el alba,
y con tu corazón irá hacia mundos que ignoras.
Y por eso
necesitamos que el Arte enseñe a respirar
y haga latir la sangre; tener que aceptar la cercanía
     del Diablo
y la edad y la sombra y el coche que atropella,
y al payaso con máscara de Muerte
o la calavera que con corona de Bufón
a medianoche agita cascabeles
de óxido sangriento y matracas gruñonas
que estremecen los huesos del desván.
Tanto, tanto, tanto... ¡Demasiado!
¡Destroza el corazón!
¿Y entonces? Encuentra el Arte.
Toma el pincel. Aviva el paso. Mueve las piernas.
Baila. Prueba el poema. Escribe teatro.
Más hace Milton que Dios, aun borracho,
     para justificar los modos del Hombre con el Hombre.
Y el divagante Melville se toma en serio la tarea
de encontrar la máscara bajo la máscara.
Y la homilía de Emily D. señala el basurero
de nuestras anomalías.
Y Shakespeare envenena el dardo de la
Muerte y la herramienta de un arte de
enterrador.
Y Poe construye un Arca de huesos
porque ha presentido un diluvio de sangre.
La muerte es una dolorosa muela del juicio;
extrae esa Verdad con las tenazas del Arte
y emploma el abismo en donde estaba
oculta en las sombras con el Tiempo y las Causas.
Aunque el Gusano Rey nos devore el corazón

— Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir, trad. Marcelo Cohen (Barcelona: Ediciones Minotauro, 1995) 142-143 pp.